Lanzamiento de la Red Informativa de Genocidio y Derechos Humanos

La Fundación Luisa Hairabedian presenta la Red Informativa de Genocidio y Derechos Humanos que tiene como objetivo informar sobre congresos, actualidad, seminarios, publicaciones, conferencias, bibliografía y postgrados relacionados a Ciencias Sociales, Estudios sobre Genocidio, Diáspora Armenia y temáticas afines

jueves, 11 de agosto de 2011

Genocidio guatemalteco

Según el juez Pedraz, las mujeres mayas sufrieron especialmente violencia sexual
 
Madrid. El juez español de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz admitió ayer a trámite la querella por los crímenes de género llevados supuestamente a cabo por agentes del Estado de Guatemala -militares y las ultraderechistas Patrullas de Autodefensa Civil (PAC)- entre 1979 y 1986, especialmente contra mujeres mayas, lo que supone la primera vez que el tribunal investiga un caso de feminicidio. En un auto fechado ayer, Pedraz admite así la ampliación de la querella presentada por la asociación Women's Link Worldwide en la causa abierta en 1999 por los supuestos delitos de genocidio y crímenes de lesa humanidad cometidos en el país centroamericano en los años 80, en la que están imputados varios exaltos cargos militares, entre ellos el general golpista José Efraín Ríos.
El titular del Juzgado Central de Instrucción número 1 considera que son "múltiples los documentos, testimonios y periciales" que avalan los informes presentados por las abogadas Patricia Sellers y Eugenia Solís. La admisión a trámite de esta ampliación de querella supone que se investigarán como crímenes de género los delitos contra la libertad e indemnidad sexual, el desplazamiento forzoso así como hecho de impedir el género de vida y reproducción, todos ellos enmarcados en el genocidio en Guatemala.
En su auto, Pedraz explica que entre 1979 y 1986 las mujeres mayas en Guatemala sufrieron "formas específicas de persecución y violencia, y especialmente de tipo sexual". Así, se produjeron 1.465 violaciones sexuales contra mujeres, el 97% de ellas cometidas por militares guatemaltecos, mientras que el 88,7% de las víctimas eran mujeres mayas. Además, el 62% de las mujeres tenía entre 18 y 60 años, el 35% entre 0 y 17 años, y el 3% eran ancianas. Según el auto, muchas de las mujeres fueron sometidas a violaciones masivas y esclavitud sexual, a lo que se sumaría "la extrema crueldad de las agresiones", que incluían mutilaciones e incluso feticidios (abertura de vientres).
El propósito de la violencia de género era, además de generar terror, provocar la desaparición de los mayas
"Toda esta violencia de género fue planificada desde el entrenamiento militar en el cual las agresiones sexuales se constituían en una práctica habitual, siendo incluso ordenada por los mandos superiores en forma previa al ingreso" de los militares, a los que se explicaba la forma precisa de llevarlas a cabo, apunta el magistrado español.
Demostración de poder Toda esta violencia de carácter sexual tenía como objetivo acabar con ese grupo étnico "no solo a través del exterminio físico sino también del quebrantamiento de su estructura social". Según el auto, era una "demostración y ejercicio de poder como parte de una estrategia de terror y asegurar el fin de la transmisión de la cultura maya y la desaparición del grupo".
Dicho fin se conseguiría por muertes, abortos y feticidios, embarazos y uniones forzosas que generaban el desplazamiento de las mujeres mayas, la ruptura de lazos conyugales, aislamiento social y la vergüenza comunitaria. Se calcula que todas esta estrategia del terror provocó el desplazamiento forzado de al menos medio millón de personas mayas, siendo en su mayor parte mujeres y niños, muchos de los cuales fallecieron por falta de alimento, el frío y enfermedades, llegándose a extinguir algún grupo social de dicha etnia.
Destaca, además, la existencia de continuas agresiones sexuales de "extrema crueldad" como "atroces y brutales actos sexuales a embarazadas o niñas" que eran violadas sucesivamente por varios agentes, a veces en presencia de sus familiares. La persecución al pueblo maya provocó más de 250.000 víctimas, de las que más de 45.000 siguen hoy desaparecidas.

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